Una película tan bella como su protagonista… y tan dormida como su argumento.
Clásico número 16
El último cuento de hadas de la era dorada
Estrenada en 1959 y dirigida por Clyde Geronimi, La Bella Durmiente fue el último largometraje animado de Disney producido con los métodos tradicionales del estudio antes de su gran pausa creativa en los años 60. Inspirada en el clásico de Charles Perrault y los hermanos Grimm, la película buscaba ser el culmen del estilo pictórico Disney: fondos detallados, animación elegante y una partitura adaptada del ballet de Chaikovski.
El resultado fue una auténtica obra de arte en lo técnico. Cada plano es un cuadro en movimiento, con un diseño visual que sigue siendo de los más sofisticados de la historia de la animación. Sin embargo, tanta belleza no consiguió disimular lo evidente: la historia carece de vida, y su protagonista parece, literalmente, dormida en todos los sentidos.
Aurora: la princesa que no tuvo voz (ni tiempo)
Se supone que su pasividad forma parte del cuento original, pero eso no impide que resulte una protagonista plana, sin carácter ni motivación, especialmente si la comparamos con heroínas posteriores. Su historia depende por completo de los demás: las hadas que la cuidan, el príncipe que la salva y la villana que la condena.
Resulta curioso cómo sigue siendo la favorita de muchos, cuando su mayor mérito es dormir con estilo.
Maléfica: la villana que eclipsó a todos
Y es que, sin Maléfica, La Bella Durmiente sería una película olvidable. Ella es, sin duda, la razón por la que este clásico sigue vivo. Con su diseño afilado, su tono teatral y su aire de oscuridad pura, Maléfica no solo es una villana icónica: es una fuerza de la naturaleza.
Su motivación, una simple venganza por no haber sido invitada a un bautizo, puede parecer trivial, pero la manera en que la lleva a cabo la convierte en un símbolo de poder y maldad. La escena de su transformación en dragón sigue siendo una de las más impresionantes del catálogo Disney, y su presencia da al relato una intensidad que la protagonista no logra alcanzar en ningún momento.
Sin Maléfica, La Bella Durmiente se desmoronaría como un castillo de naipes.
Las hadas: el verdadero corazón del cuento
Flora, Fauna y Primavera aportan lo que el resto del guion no tiene: vida, humor y dinamismo. Son personajes encantadores y funcionales, responsables de algunos de los momentos más memorables del filme. Su pelea por el color del vestido o sus intentos torpes por preparar una fiesta sin magia son el tipo de escenas que conectan con el público de verdad.
Sin ellas, la primera mitad de la película sería un desfile visual sin alma. Son el pegamento emocional que sostiene la historia y el contrapunto perfecto a la solemnidad de Aurora y la oscuridad de Maléfica.
Belleza inmortal, alma dormida
A nivel artístico, La Bella Durmiente es una obra maestra del diseño y la música: cada línea, cada fondo y cada acorde del ballet de Chaikovski transmiten la ambición estética de Disney en su máximo esplendor. Pero en lo narrativo, es una película fría, distante y descompensada.
Es un cuento de hadas clásico con una protagonista que no actúa, sino que espera ser salvada. Y aunque el tiempo le ha dado estatus de icono, lo cierto es que lo mejor de ella sigue siendo lo que la rodea: sus hadas, su villana y su arte.
Porque, al final, La Bella Durmiente no es tanto una historia que emocione… como una pintura que hipnotiza.
Puntuación: 6,13/10
(Puntuación basada en: argumentación, personajes, banda sonora y animación).
Por supuesto, esta es solo mi opinión personal, y entiendo que para muchas personas esta película pueda tener un valor especial, ya sea por nostalgia o por su importancia histórica. Estaré encantada de leer otras perspectivas y debatir sobre ellas en mis redes sociales. ¡Siempre es interesante ver cómo una misma obra puede generar opiniones tan variadas!


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