Entre calabazas convertidas en carrozas y ratones que cosen vestidos, Disney creó una de las películas más icónicas —y mágicas— de su historia.
Clásico número 12
El renacer de Disney tras la guerra
Estrenada en 1950, La Cenicienta marcó el regreso triunfal de los estudios Disney tras una década difícil. Después de los años de guerra y los filmes recopilatorios de bajo presupuesto, esta película supuso un nuevo comienzo para el estudio, tanto artística como económicamente. Su éxito salvó literalmente a Walt Disney Productions de la bancarrota, permitiendo el desarrollo de futuros clásicos como Alicia en el País de las Maravillas o Peter Pan.
Basada en el cuento tradicional de Charles Perrault, La Cenicienta sigue la historia de una joven amable y soñadora que, tras perder a su padre, queda al servicio de su madrastra y sus crueles hermanastras. Con la ayuda de su hada madrina, un poco de magia y mucha fe en sus sueños, consigue cambiar su destino.
Una historia de resiliencia y esperanza
La fuerza de La Cenicienta no reside en la acción ni en giros inesperados, sino en su mensaje universal: la bondad y la paciencia siempre encuentran su recompensa. Es una historia que ha resistido el paso del tiempo, no solo por su romanticismo, sino por su capacidad para conectar con el público a través de la empatía.
Aun así, vista con ojos actuales, el personaje de Cenicienta puede parecer algo plano. Es dulce, educada y sufrida, pero carece del carácter más definido que tendrían heroínas posteriores. Sin embargo, su serenidad y esperanza son tan puras que la convierten en una figura entrañable y eterna.
Villanas con carisma y ratones encantadores
Lady Tremaine y sus hijas, Anastasia y Drizella, representan una de las tríadas de villanas más memorables del universo Disney. Lady Tremaine, en particular, es una maestra del control emocional: nunca grita, pero su mirada basta para congelar a cualquiera. Su frialdad, elegancia y manipulación la colocan entre las grandes antagonistas del estudio.
Por otro lado, los ratones Gus y Jaq aportan el contrapunto cómico y tierno de la película. Aunque algunas escenas con ellos pueden sentirse algo largas, son personajes fundamentales que equilibran la tensión y la tristeza de la trama. Se convirtieron, además, en iconos reconocibles del universo Disney.
Y no podemos olvidar a Lucifer, el gato más travieso y expresivo que haya pasado por la animación clásica. Su humor, su forma de moverse y sus expresiones lo convierten en una auténtica joya del film.
Una animación de cuento
Visualmente, La Cenicienta es una obra maestra. La película brilla por su paleta de colores suaves, su diseño de personajes y la elegancia de cada plano. Las transiciones de luz, los destellos mágicos y el movimiento de los vestidos marcaron un antes y un después en la animación tradicional.
La escena en la que el hada madrina transforma el vestido de harapos a un vestido de gala sigue siendo uno de los momentos más icónicos —y técnicamente admirables— de la historia del cine animado.
Una banda sonora digna de un sueño
La música de La Cenicienta acompaña perfectamente el tono de la historia. Temas como “Bibbidi-Bobbidi-Boo”, “So This Is Love” o “A Dream Is a Wish Your Heart Makes” son auténticos himnos Disney, cargados de ternura y optimismo.
Cada canción no solo embellece la película, sino que refuerza su mensaje principal: mantén la esperanza, incluso cuando todo parece perdido.
Conclusión: la sencillez que se volvió eterna
Aunque con el tiempo se le puedan señalar ciertos clichés propios de su época, La Cenicienta sigue siendo una joya imprescindible. Visualmente deslumbrante, con villanas inolvidables y un toque de magia que no envejece, es el reflejo perfecto del poder del optimismo y la imaginación.
Puntuación: 8/10
(Puntuación basada en: argumentación, personajes, banda sonora y animación).
Por supuesto, esta es solo mi opinión personal, y entiendo que para muchas personas esta película pueda tener un valor especial, ya sea por nostalgia o por su importancia histórica. Estaré encantada de leer otras perspectivas y debatir sobre ellas en mis redes sociales. ¡Siempre es interesante ver cómo una misma obra puede generar opiniones tan variadas!


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